La rehabilitación cardíaca fase III permite que el paciente no solo conserve los logros alcanzados, sino que continúe progresando dentro de un contexto clínicamente seguro, utilizando el ejercicio como una herramienta terapéutica clave para seguir disminuyendo el riesgo cardiovascular a medio y largo plazo.
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La fase III de la rehabilitación cardíaca corresponde a la fase crónica y estable de la enfermedad cardiovascular. Se inicia cuando el paciente ha superado la fase subaguda, ha completado la fase II y se encuentra clínicamente estable.
El objetivo de esta etapa no es únicamente evitar recaídas. En la fase III buscamos:
El programa de rehabilitación cardíaca fase III de ALTESSIA se centra en el entrenamiento continuado y estructurado, orientado a la mejora y al control del riesgo cardiovascular a largo plazo, en un contexto clínicamente seguro pero con mayor autonomía que en la fase II.
El programa incluye:
Seguimiento clínico y funcional periódico: con valoraciones periódicas para controlar la evolución cardiovascular y metabólica; ajustar el programa de ejercicio según la respuesta al entrenamiento; y asegurar la correcta adaptación al esfuerzo a medio y largo plazo
Programa de ejercicio terapéutico individualizado: el ejercicio se prescribe de forma personalizada y progresiva, combinando entrenamiento aeróbico para seguir mejorando la capacidad cardiorrespiratoria; entrenamiento de fuerza de la musculatura periférica; y entrenamiento de la musculatura respiratoria. El objetivo es mantener y seguir mejorando la capacidad funcional, optimizar el control de los factores de riesgo cardiovascular y reducir el riesgo de nuevos eventos.
Mayor autonomía, mismo control: A diferencia de en la fase II, en la fase III apostamos por una mayor implicación del paciente en la gestión del ejercicio; integración progresiva del entrenamiento en la vida diaria; y preparación para una práctica de actividad física segura y sostenible en el tiempo.
En esta fase, el programa se adapta no solo a la situación clínica, sino también al momento vital y a los objetivos personales de cada paciente.
Analizando la evolución de la enfermedad cardiovascular, la respuesta del organismo al entrenamiento, y el control de la presión arterial, el metabolismo y otros factores de riesgo. Para poder adaptar los ejercicios al impacto directo sobre el riesgo cardiovascular.
Hay una búsqueda del ejercicio a largo plazo, integrando actividades físicas y deportivas acordes al interés del paciente; adaptando el programa al contexto personal, laboral y social; y facilitando la transición hacia una vida físicamente activa.
Convirtiendo el ejercicio en una parte estructural del estilo de vida del paciente, y no solo en parte de un programa sanitario.
Pacientes con enfermedad cardiovascular crónica y estable
Personas que han completado la rehabilitación cardíaca fase II
Pacientes que desean seguir mejorando su condición cardiovascular, mantener el control de los factores de riesgo y reducir el riesgo de nuevos eventos a largo plazo